No se sabe qué
es mejor para el aficionado a la micología, si que llueva o que
no lo haga. Si no llueve no salen setas, y si llueve lo suficiente es
tanta la afluencia de gente que busca los nízcalos (rovellones)
que el monte queda destrozado durante una buena temporada. Lo ideal es
que llueva un poco, sólo un poco, que permita la salida de suficientes
especies como para entretenerse con ellas pero no la de los nízcalos,
al menos en la cantidad que necesitan los recolectores para considerar
la actividad económicamente rentable. En estas condiciones suelen
salir otras setas que no tienen interés económico, y por
lo tanto no se buscan, pero que sí son de un gran interés
desde el punto de vista gastronómico. Nos referimos a los champiñones
(género Agaricus), llamados por aquí "setas de balate". 1º. Tenemos que estar seguros de que lo que tenemos en las manos son champiñones. Aunque sea una perogrullada, deben tener aspecto de champiñones. Todo el mundo está acostumbrado a ver los cultivados y es relativamente fácil su reconocimiento. Un detalle importante a tener en cuenta es que las láminas deben ser rosadas cuando jóvenes y marrón oscuro - negro, al madurar. No deben tener nunca volva, pero sí anillo. Son siempre terrícolas. 2º. Generalmente los champiñones interesantes son de tamaño apreciable. En principio deberíamos rechazar los de dimensiones pequeñas, no porque no puedan ser comestibles, sino por la dificultad segura de su identificación. Si nos limitamos a los grandes, en esta zona no son muchas las especies de Agaricus que aparecen, y por lo tanto más fácil la selección. Se deberían recolectar exclusivamente los que todavía tienen las láminas rosáceas, que gastronómicamente tienen más interés. 3º. ¿Qué características
nos permitirán diferenciar los que son comestibles, de los que
no lo son? Dos son las que se deben considerar: 4º. Si descartamos los que presentan
simultáneamente estas dos características (color amarillento
en la base, al corte, y olor a fenol o tinta) o, ante la duda, una sóla
de ellas, las especies que nos quedan como candidatas a la sartén,
presentes de forma más o menos abundante en esta zona, son: |